No tienes a nadie, no tienes a nadie a quien contarle el tropezón con las escaleras del trabajo o como casi perdiste el autobús después de un carrera digna del señor Bolt. Acabas la mañana entre apuros y, al llegar a esa que decías ser tu casa, tocas el telefonillo con la esperanza de que alguien te abra. Lo habías olvidado. Se fue, y, ahora te toca a ti prepararte la cena, aunque siempre te sale pasta para dos. Te toca el sofá solo para ti, algo con lo que siempre soñaste y la cama... Puedes dormir sin oir esos ronquidos que tanto hacían temblar los pilares.
¿Por qué estás entonces triste? Si tienes lo que siempre soñaste.. Esa persona no te hacia ningún bien, lo mejor que pudo hacer fue salir de tu vida.
Porque era mi madre.